Desde que somos concebidos estamos recibiendo un entrenamiento como para definir cual camino debemos andar en la vida. Desde que era una niña guardo una enseñanza de mis años de escuela, y es que nos decían que no somos islas, que vivimos en una isla pero que no debemos vivir aislados. Eso creó en mí una expectativa que me llenaba de emoción, porque entendí con esto que nunca estaría sola, porque si no soy una isla siempre estaría en compañía de alguien.
La realidad de la vida para la cual se supone te preparan es otra muy diferente. Yo, si bien siempre he contado con el afecto seguro de muchas hermosas personas, he estado muy sola. No es lo mismo, el cariño de un gran amigo, de una buena madre y padre, de un hijo, al cariño de un ser que se compromete con tu realidad. Alguien que comparte tu camino y te ayuda a cargar ciertos pesos que ni padre, madre, hijo, hermano o amigo pueden ni tienen el deber de sustentar junto a ti. Los padres te dan la vida, te crían y después entienden y con toda razón, que debes seguir tu vida, los hermanos son tus hermanos y ya, los hijos crecen y hacen su vida, los amigos si son buenos te tienden una mano, te dan su hombro para que llores a veces hasta lloran contigo, te escuchan, pero al llegar a tu casa están las paredes esperando por ti….
Hoy a los 33 años, la isla más perdida en cualquier océano está más en compañía que yo. Después de haber amado, estar casada, haber amado de nuevo y otra vez….. Sigo siendo esa Isla.
Entonces he llegado a la conclusión de que no debemos preparar al ser humano para que no sea isla, si no, para que entienda que sí es una Isla pero que puede hacer residente a una cantidad X de personas que muchas veces van a cuidar de tu territorio y otras no. Pero que no dependes de su presencia para ser o no ser.
Sí somos ISLA…..
viernes, 7 de diciembre de 2007
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